Gordon-Monohan

Speaker Swinging, Gordon Monahan

¿Ver a un león atravesando un aro de fuego?

Por Laura Llaneli

El presente artículo de este blog trata sobre la experiencia de que tuve al ver el concierto “Speaker Swinging” de Gordon Monahan en la última edición del festival TSONAMI, en Chile. No recuerdo la última vez que tuve que salir de un concierto porque una pieza me molestase tanto y no pudiese gestionar lo que allí estaba sucediendo: debe el arte ser espectáculo? Debe éste dar a su público lo que “quiere”? Cuán diferente puede ser la percepción de una pieza según el marco en que se presente? Es válida una pieza “maestra” del 82 por ser una pieza clásica de una persona con tal bagaje? necesita un festival de música experimental y “arte sonoro” la pieza estrella para llamar al público?

 

Bien… pues todas estas preguntas y más son las que se presentan en la siguiente conversación vía e-mail llevada a cabo durante semanas con la artista de Madrid María Andueza, a la que tuve la suerte de conocer en el festival nombrado. ¿Por qué la conversación precisamente con ella? Pues por ser una persona a la que considero con criterio y toparme que a la salida del concierto, a pesar de haber percibido la pieza bajo unos parámetros parecidos, a ella le encantó y a mi me disgustó y es más, me molestó. Charlamos brevemente a la salida del espectáculo y esta conversación se quedó en mi cabeza a modo de run run… así que le propuse este intercambio de e-mails.

 

Aquí van!!

Hola María, espero que todo bien!!

 

A ver cómo funciona esto de generar un artículo a partir de los emails que nos mandamos. No va a ser tan directo como el chat, pero creo que cada una va a poder hacerlo más a su tiempo.

 

Te comenté un poco por encima pero te recuerdo el tema que quiero poner sobre la mesa virtual para el artículo del blog de Hangar Sonoro: Nuestras visiones contrarias sobre lo que fue el concierto de Gordon Monahan con su pieza “Speaker Swinging” en el Festival TSONAMI, en su concierto de Valparaíso.

 

Como supongo recuerdas, Lele y yo actuamos la misma noche que Gordon con nuestra propuesta Sonidos de Arrastre y justo antes que él. Cada noche eran dos conciertos y tanto en Valpo como en Santiago Gordon era mi pareja de la noche. La pieza de Monahan era la estrella del festival por ser una pieza clásica del año 82 y ser él alguien consagrado. A todo esto, yo no lo conocía, ni a él ni a la pieza. Yo quedé contenta y satisfecha con nuestro resultado así que me dispuse, una vez acabado y liberada la tensión, a escuchar/ver la propuesta de Monahan.

 

Recuerdo que la sala de la excárcel estaba muy llena, también debido a que el atrezzo de Gordon ocupaba la mitad del espacio. Por no pasar en medio de la gente que andaba sentada en el suelo, me quedé un poco fuera del espacio sentada en la misma mesa de madera que había arrastrado en el concierto y con la cual había tenido conexión. En esta posición y con atención, me dispuse al “espectáculo”. Tengo que decir que yo estaba un poco sensible después de la energía dejada en la actuación y que había compartido camerino con los chicos de circo que acompañaban a Gordon en la presentación de la pieza… Se abrió la luz y ahí estaban ellos tres subidos en tres andamios con unos guantes de herrero sosteniendo en sus manos un cable que acababa en altavoz. Gordon, vestido de traje (me parece importante remarcar esto) se situaba en medio, a nivel de suelo, con su mesa de mezclas y aparatos para producir sonido. El concierto abrió de manera que Gordon se giró hacia los tres y les dio una entrada de concierto de orquesta para que comenzasen su acción. Ésta era elevar los altavoces y llevarlos al movimiento de manera que girasen por encima de sus cabezas… la acción debía durar unos 25 minutos.

 

María, voy a dejarlo aquí y a esperar tu respuesta de cómo estabas situada y qué predisposición tenías en cuanto al concierto para ir haciendo esto por etapas te parece?

 

Gracias de antemano. Seguimos!

Hola Laura,

 

¡Allá voy! Gracias por la invitación para conversar de nuevo contigo sobre este asunto.

 

Aquella tarde llegué a la sala justo cuando iba a comenzar “Sonidos de arrastre”. Literalmente tuve que arrastrarme por la pared del acceso a la sala mientras me topaba con una cuerda que impedía acceder por los espacios que los días anteriores habían estado abiertos. En la densidad de la oscuridad, alguien de la organización que debió vernos palpando la pared nos guió para que entráramos por un hueco, y desde ahí, desde un lateral asistí a vuestro concierto. Creo que tuve un lugar privilegiado del que disfruté ya que podía asomar la cabeza y veros cuando os movíais por el pasillo de acceso -fuera del plano de visión de la audiencia- o podía no hacerlo y simplemente escuchar los sonidos que ibais produciendo. Incido en esta dualidad de la visión y el oído como audiencia, porque fue importante en “Sonidos de arrastre” y lo fue también en “Speaker Swinging”. Creo que en ese aspecto ambas piezas funcionaron muy bien.

 

Pero volviendo a la experiencia, una vez concluyó “Sonidos de arrastre” me tuve que resituar en la sala, ya que el lugar en el que estaba apoyada entraba dentro del perímetro de seguridad que habían marcado desde la organización. Así que, aprovechando que tenía que moverme, me hice con un hueco más o menos en el centro de la sala. Convendría tal vez explicar que la audiencia estaba sentada en el suelo, creo que en mi experiencia tuvo importancia el estar situada en un plano ligeramente inferior al tuyo.

 

Yo también había tenido un contacto con los tres intérpretes de la pieza de Gordon. Comimos juntos aquel día y les vi a todos, especialmente a la mujer -quien tuvo un protagonismo brutal aquella noche durante el concierto- en su faceta más tierna haciéndole carantoñas y caricias a Timeo. En la comida bromearon sobre la necesidad de comer una buena ración para afrontar con fuerza el concierto de la tarde. Yo todavía no me lo imaginaba, pero realmente iban a necesitar toda esa fuerza… A Gordon, por su parte, tuve la oportunidad de conocerle el año 2007 en un congreso en el que participé en Regina (Canadá) en el que coincidí también con Hildegard Westerkamp o Barry Truax, y donde por decirlo de forma coloquial “les vi a todos en su salsa”, a Gordon en concreto vestido de tejano con su sombrero y sus andares despreocupados. Allí, en las inmediaciones de Regina, metidos en mitad de las praderas canadienses de la región de Saskatchewan, realizó una intervención eólica con cuerdas de piano en una antigua fábrica de ladrillos. Fue en aquel mismo congreso cuando compré un cd de su pieza “Speaker Swinging” que en la portada tiene una de esas fotos tan espectaculares de los performers a oscuras rodeados por la estela del altavoz iluminado.

 

Así que iba con ganas al concierto, con muchas. No recuerdo ahora cómo fue la salida a escena de los tres performers, pero sí recuerdo -por lo que tenía de puesta en escena- el momento que comentas en que Gordon Monahan apareció desde un lateral, vestido de traje -traje con corte tejano en la espada y con los pantalones ligeramente acampanados (!)- y se situó ante la mesa para después acercarse al centro de los tres andamios donde estaban los ejecutantes y darles la señal de entrada. La verdad es que a mí me hizo gracia; me hizo gracia ver cómo el artista se construye su propio personaje. Coincido contigo en que la puesta en escena era innecesaria y quizá habría prescindido, si hubiera podido, de tenerle en una posición tan visible ‘a priori’, pero creo que el espectáculo (que lo fue en todas sus dimensiones) hizo que su presencia pasara desapercibida durante la ejecución.

 

// Lo dejo aquí por hoy. Mañana más //

 

Saludos, María

Gracias por tu respuesta María! Ahora sigamos:

 

Entonces. Estuve un rato en el concierto y después de la entrada de Gordon y el comienzo de la pieza me parecía todo un tanto extraño. Los chicos hacían un ejercicio totalmente físico de resistencia y concentración, sus caras se iban modificando con el paso del tiempo de la pieza. Empezaron elevando bastante los altavoces pero a medida que transcurría el tiempo sus expresiones cada vez eran más de sufrimiento y el movimiento de giro de los altavoces disminuía su altura a causa del desgaste físico. Sobretodo la mujer, enfatizo en ella ya que era la que se situaba en medio de la escena y la que su cara sufrió una transformación más exagerada. Gordon tenía una expresión igual de concentración pero en otro plano ya que no se trataba de ningún esfuerzo físico. Ahí fue cuando mi visión de espectadora empezó a molestarme y saturarme. Más allá del interés del sonido, en el cual intentaba estar atenta pero no podía, veía una escena de subordinados al artista. Intento explicarlo mejor: no podía concentrarme en otra cosa que no fuese la de los tres chicos sufriendo por una pieza de arte que era de otra persona que se situaba junto a la mesa de mezclas moviendo faders muy lentamente sin ningún tipo de preocupación en cuanto a la acción que hacían los chicos detrás suyo. Empecé a pensar en esto y no podía estar por el sonido o ver la pieza como un total. Me cuestionaba cosas como, qué es esto? arte sonoro, música o puro espectáculo? Venía a mi la imagen de un león pasando por un aro de fuego. A mi parecer la presencia visual del conjunto era mucho mayor que la calidad del sonido, que era interesante, pero que pasaba a un segundo plano. La acción se convertía más en una especie de circo romano en el cual puedes disfrutar o no del aguante de estas personas cansándose y planteándote si van a ser capaces de ejecutar la acción hasta el final. Aguanté un poco más. De repente las luces se apagaron y de los altavoces se encendieron unos focos, así la escena desaparecía y sólo quedaban tres luces moviéndose y el sonido. Fue aquí cuando pensé, qué estamos viendo? La escena me parecía demasiado “espectacular” hablando de espectacularidad en un tono un tanto negativo. Debe el arte ser espectacular y agradar a un público? O debe el arte cuestionar? Bueno, con la conversación que estamos teniendo, ahora vengo pensando que en realidad si que movió cosas en mi y en otra gente a la cual le agradó o no la pieza… no estoy tan segura de nada. Es la pieza valida si me molesta tanto que debo salir del concierto? Está Gordon planteando estas cosas o es para él simplemente una acción sonora?

 

Creo que también mi visión sobre lo que comento viene dado porque el concierto anterior de “Sonidos de Arrastre” jugaba totalmente con lo contrario: actuamos en los pasillos, planteé mucho lo de no usar el escenario destinado a los conciertos (que era lo que venía sucediendo en días anteriores) y la acción fue muy mínima. Estaba casi sin iluminar ni microfonear, era una cosa bastante cruda.

Cambié mi posición y decidí entrar entre la gente y sentarme en el suelo. Nada cambió o empeoró. Llegué a un nivel de saturación y rechazo que tuve que salir del concierto. De verdad que le di la oportunidad y hacía mucho tiempo que nada me molestaba tanto como para tener que salir. Fuera me encontré con tu marido que llevaba a tu hijo en brazos y que había tenido que salir ya que éste estaba llorando. Me preguntó qué tal y con la rabia que llevaba dentro empecé a explicarle lo que estoy contando. Ahí decidimos esperar a que salieses y ver cuál había sido tu postura respecto al concierto. Realmente para mi fue una sorpresa que salieses encantada y diciendo que te había gustado. En serio no te había molestado nada? Nos pusimos a charlar y vimos que realmente no habíamos percibido la pieza de maneras tan diferentes sino que tu le habías dado la vuelta de una manera que yo no conseguía hacerlo. Es por eso que te propuse esta conversación.

 

Creo que después de tu mail de respuesta a este deberíamos entrar más en el debate de ambas opiniones, el arte como espectáculo, dar a la gente lo que quieres ver o escuchar o no. Que no se me olvide comentar la conversación que tuve con la gente del festival…

 

Un abrazo!

Hola Laura,

 

Me gusta leer tu percepción del concierto porque ello habla de la imposibilidad de lo unívoco en la creación. Creo que las visiones, o las percepciones mejor dicho, tan distintas que ambas tuvimos habla mucho de la experiencia estética y quizá no tanto de la voluntad artística.

 

En mi caso, más allá de la gracia que me hizo la salida a escena de Gordon, su presencia pasó totalmente desapercibida durante el concierto, de hecho me pasó algo curioso al terminar que luego te comentaré. Al hablar ahora de su presencia invisible no me refiero únicamente a su presencia física en el escenario sino también a su papel como artista creador del evento. Es decir, trato de explicarme mejor, desde mi experiencia fue tal la intensidad perceptiva a todos los niveles que durante el tiempo que duró el concierto desapareció el artista, su idea, su realización,… todo esto quedó en suspenso hasta el final. En el durante era solo la situación. Creo que esto sucedió con mucha virulencia en el concierto en Valparaíso pero no tanto en Santiago, en el que por contra sucedieron otras cosas interesantes. En el teatro de Valparaíso el espacio era muy amplio y los tres intérpretes estaban situados de forma simétrica subidos cada uno sobre un bloque de andamio e iluminados frontalmente de tal forma que sus tres sombras se dibujaban con claridad sobre el fondo del escenario. En el centro y en una posición más alejada la mujer, en los dos laterales y adelantados, muy cerca de la audiencia los dos hombres. Los tres con cuerpos esculturales, fuertes, con músculos voluminosos y esos guantes gruesos, a mí me hacía pensar en esas esculturas de efebos griegos, con cuerpos jóvenes, perfectamente modelados, fuertes y que apenas muestran un gesto de esfuerzo. Esto iba a cambiar mucho con la evolución del concierto y esa evolución del cuerpo, del gesto, de la postura convirtió para mí al concierto en una suerte de danza en perfecta comunión con el sonido.

 

El sonido fue para mí protagonista al inicio del concierto. ¡El comienzo me pareció increíble! Cuando los tres intérpretes empezaron a mover el altavoz que tendría unos 20cm de diámetro, el sonido empezó a moverse con lentitud y suavidad por la sala, como si aquello que escucháramos fuera el aire empujado o el espacio sonado por la fricción del movimiento. El sonido iba y venía y parecía dar la vuelta tras mi espalda mientras se percibía con claridad el efecto doppler. Según aumentaba la velocidad de giro de los altavoces el sonido se convertía a un paso en algo áspero y rudo que llegaba y se marchaba sin concesiones. Este efecto, que se multiplicaba por tres, se convertía superada la fascinación inicial en algo muy físico. Físico no solo por lo que de físico tiene el efecto doppler sino también físico por lo que requería de esfuerzo en su ejecución. Hace años asistí a una coreografía de Merce Cunningham donde los bailarines permanecían en posturas de equilibrio durante varios minutos. En aquella ocasión la aparente ausencia de movimiento hacía aparecer otro movimiento, mínimo, que fruto de poner el cuerpo al límite hablaba tanto del cuerpo, de su capacidad de movimiento como de la razón, de la concentración, del aguante y la superación. Algo de eso percibí yo también en la obra de Monahan. Al principio era el efecto sonoro, pero pronto el protagonismo no lo tenía el sonido sino los cuerpos, ellos y ella, con las piernas ligeramente abiertas para mantener el equilibrio y en continuo movimiento, un vaivén que nacía en sus caderas para culminar en las muñecas. Prolongación de ello la soga, el altavoz y el sonido.

 

Cuando el peso de lo que sucedía comenzó a recaer en los intérpretes todo cobró mucho más sentido, cada uno se movía y movía el sonido de forma distinta, podías verles a ellos, no a sus cuerpos sino a ellos. De los hombres, había uno más joven y muy concentrado, de cuerpo más corpulento y con un movimiento constante, solo en algún momento sus brazos caían ligeramente al tiempo que rozaban el moño que llevaba, el otro disfrutaba más con el espectáculo y se entregaba a él adoptando posturas más cinematográficas y aumentando por momentos la velocidad. La mujer, que comenzó con mucha fuerza poco a poco fue sufriendo los efectos del desgaste físico y su cuerpo, su rostro, ella, se fueron desfigurando convirtiéndose la performance en un ejercicio de aguante y superación que imprimieron mucha tensión en la ejecución. Esa resistencia de los tres hizo todo más interesante, no porque sufrieran (los tres lo hicieron), sino porque el cansancio les llevaba a hacer suyo el acto de girar la soga, contornearse y adoptar posturas extremas con sus brazos para no cesar en la acción y con todo ello variar las sonoridades e imprimirles su carácter.

 

Recuerdo que hubo un momento en que Gordon cambió la frecuencia que emitían los altavoces y eso hizo que me saliera un poco de la concentración en la que estaba sumida, me dediqué a buscar con la mirada a Abelardo para ver si había conseguido calmar al pequeño y habían entrado al concierto. Luego volvió a la frecuencia inicial y al poco, creo recordar, se oscureció la sala al tiempo que se encendieron las bombillas de los altavoces. En ese momento, la acción era imagen, muy espectacular pero para mí menos interesante que cuando la situación permitía ver con más claridad. En fin, no quiero alargarme mucho más. Más o menos así fue mi experiencia durante el concierto. Cuando Gordon Monahan dio de nuevo la señal a los intérpretes para que cesaran en su movimiento su figura me pareció ridículamente pequeña. La tensión que había acumulado durante la ejecución y el esfuerzo titánico de los intérpretes sin duda debió hacerlos más grandes a mi percepción, además la impresión de que un altavoz podría salir disparado y el hecho de que yo estuviera sentada en el suelo y tuviera que alzar la mirada para mirarlos se ve que me despegó un poco de la escala real.

 

Respondiendo a tus preguntas, la verdad es que a mí no me molestó nada. Como mencionaba antes había cosas que me parecían más interesantes que otras, pero molestar… no. Tampoco me hizo preguntarme si el arte debe ser espectáculo y agradar o cuestionar y molestar. A mí la pieza me gustó -en términos de agradar-, me gustó mucho lo cual no quiere decir que no estuviera todo el rato haciéndome preguntas. Yo viví una experiencia perceptiva muy interesante, difícil de experimentar en otras situaciones y global, no solo sonora, lo que a mí particularmente me pareció que funcionaba bien. Creo que definitivamente Gordon Monahan sí está teniendo en cuenta que su pieza no es solo sonora, o que lo sonoro no es lo central. Me da la impresión de que lo sonoro, el efecto que emplea, es un desencadenante en su pieza de todo lo demás. No creo sin embargo que esté buscando que la gente se salga de la sala ¿se lo comentaste después cuando volvimos a coincidir en Santiago? Estaría bien saber qué reacción le hubiera provocado y a la inversa saber qué pensaba él de “Sonidos de arrastre”.

 

Ya solo por terminar este bloque que hemos dedicado a nuestras dos visiones de la pieza, quiero referirme a una última cosa referida a su duración, que quizá me pareció algo excesiva; creo que llegado a un punto era innecesario continuar. No sabría decirte ahora en qué momento exactamente, pero sí recuerdo que pensé que era muy difícil mantener tanta intensidad durante tanto tiempo.

//

 

Lo dejo aquí. Estaría bien que los próximos intercambios sean quizá más breves, ¿cómo lo ves? así vamos más ágiles y lo hacemos más legible, porque si no igual queda demasiado largo.

 

¡Un abrazo!

 

María

Hola María, gracias otra vez 🙂

 

Sí, todo se está haciendo muy largo. estoy pensando los diferentes formatos para esto… he probado pasarlo a voz automática y tiene su rollo. También pensaba en quitar mis partes y dejar solo las tuyas ya que vas haciendo referencia a las mías y no queda nada cojo.

 

Aquí, ahora voy a lanzar preguntas y cosas sin tanta narrativa:

 

– Creo que sonoramente no fue tan interesante. Si hubiese sido así (según yo), toda la puesta en escena justificada. Básicamente me pasa eso, que creo que para lo que fue, no hacía falta. Pensaba: podría conseguir el mismo tipo de sonido sin que los chicos estuviesen en alto moviendo los altavoces? Le interesaba realmente el cuerpo y el desgaste?

 

– Con esto se me plantea la pregunta de lo “necesario” o no. Por ejemplo las sombras proyectadas y cuando se apagaron las luces. Sigo pensando que el formato arte-espectáculo de ocio no plantea nada (a no ser que justamente esté criticando eso), a mi no me pareció que Gordon estuviese planteando muchas cosas la verdad. Pero por otra parte, por qué tiene todo en un proyecto que estar tan pautado y tener qué decir o aportar algo concreto? Siempre hay las partes de libertad y el por qué me da la gana del artista, que por otra parte es súper lícito… Hoy justo escuchaba el podcast de esnorquel de Sonia Fernández Pan entrevistando a Pere Llobera y en un momento Pere comenta esto. Dice algo así como que está cansado de esos proyectos tan herméticamente perfectos donde todo es limpio y todo está donde tiene que estar. Pero sigo pensando que esta no era la postura de Gordon.

 

– Justamente hablé con Gordon después del primer concierto en Valparaíso, en el camerino. Me dijo que “sonidos de arrastre” le había gustado, pero que para la próxima podríamos pensar en poner video… Me comentó que por ejemplo podríamos llevar cámaras en la cabeza y que eso estuviese proyectado en varias pantallas… claro, yo le dije que no era la idea del proyecto, que esa cosa tecnológica por que sí no me parecía importante, que no aportaba nada salvo que igual a la gente le gustase más, que la pieza fuese de más fácil acceso, pero que no era lo que buscaba. Es ahí donde noté nuestras diferencias de percecepción: igual él busca ese tipo de cosas más grandes y gustar a un tipo de público enganchándolos con cosas que les llamen la atención.

 

– Pienso si mi postura es por el tipo de práctica y arte al que estoy acostumbrada. Barcelona es súper crítica, todo el mundo tiene su super discurso y todo tiene que estar justificado (o así me parece). Recuerdo que en el momento el concierto pensé: buah, esto en Barcelona lo machacarían. Pero claro, Barcelona no es el centro del mundo. Lo de viajar a ver prácticas de otro contexto te trae estas preguntas interesantes. ves un poco los modelos que funcionan en cada ciudad y claro, si cada país o región están en un momento socio-económico-político diferente, el arte, obviamente, responde a preguntas diferentes. Entonces podemos hablar de lo válido o lo no válido?

 

– Con estos mails ando dándole vueltas a todo. La verdad es que te leo y me convences bastante. Igual en otro momento me hubiese encantado?? Lo dudo, pero seguramente no me habría molestado como para salir del concierto. Aunque hay una parte dentro de mi que sigue indignándose bastante por el tipo de piezas que se intentan perpetuar con algo así y que de repente le encantan a todo el mundo. No digo que el arte “bueno” es aquél que solo gusta a unos pocos, o a un circuito elitista. Los organizadores del TSONAMI me decían: el público ha pedido otra!!!! Qué locura no? Peo yo pensaba: ha sido por qué les ha dado justo lo que querían ver/escuchar!

 

beso!!!

 

pd: lo envío tan cual sin revisar mucho pero me ha salido todo muy de dentro. hihihi. Creo que con tu mail de vuelta cerramos, sí?

¡Hola Laura!

 

¡Seguimos! Voy tomando tus comentarios como guía

 

Sobre el interés sonoro: Yo creo que hay algo que quizá todavía no hemos comentado y es la longitud de la soga a la que estaba atado en un extremo el altavoz. ¿Cuánto tendría? ¿2 metros tal vez? ¿Uno y medio? Comento esto porque creo que ahí está parte de la escenografía. Mover durante cerca de media hora una soga de dos metros con un altavoz en el extremo ya hemos hablado que era extenuante. Si bien los intérpretes mantuvieron los brazos en alto durante toda la performance la fuerza que imprimían en el impulso no era siempre la misma por lo que la cuerda unas veces describía un círculo más alto y otras veces más bajo. Creo que subir a los performers en los andamios era algo necesario para que el altavoz no chocara en ningún momento con el suelo. Al igual que esto, creo que la longitud de la cuerda permite que el sonido, el efecto sonoro, se proyecte y llegue mejor a una audiencia grande.

 

Creo que a partir de ahí, había también en él una intención de crear esa imagen tan plástica usando las sombras, etc. Algo que me gustó del concierto en Santiago (donde solo hubo dos intérpretes) es que uno de ellos estaba subido en unas mesas que crujían levemente y la otra intérprete estaba en el escenario y con la sombra proyectada detrás. No había una visión frontal de ambos intérpretes y eso creaba una experiencia muy distinta. Pero volviendo al crujido de la mesa, para mí eso hizo distinto y particular el concierto en Santiago. Era como ver un ensayo, como poder asistir al proceso, al entrenamiento de la pieza. Yo estaba muy distraída con ese leve crujido, pensaba cómo era posible que algo tan leve interfiriera tanto con la presencia aplastante del altavoz girando. Eso me hizo mirar un tiempo a los pies del intérprete, percibí el peso de su cuerpo cayendo sobre ese tobillo que se movía todo el tiempo. Yo no pude ver en ningún momento desconectado el sonido del cuerpo y el movimiento, para mí eran los tres una única cosa. Entiendo que es difícil eludir ese hecho, imagino que Gordon lo tiene en cuenta y trabaja con ello al abordar una performance de media hora. En cualquier caso, no me importa si él lo tuvo en cuenta, para mí era aplastante que el sonido eran aquellos cuerpos.

 

Al terminar el concierto en Santiago, Gordon explicó a un grupito cómo funcionaba el aparato que había él mismo construido para manejar los sonidos durante la performance. Yo me acerqué a escuchar también. En la conversación alguien le comentó que la mujer hacía girar el altavoz más bajo que el hombre y eso variaba también la sonoridad. La contestación de Monahan – ya te adelanto que te va enfadar 😉 – fue poner la cara arrugada con un ligero gesto de desaprobación hacia la actuación de la mujer, como queriendo decir que tenía que haber hecho girar el altavoz más alto (en el concierto en Santiago ella comenzó desde el principio mucho más pausada y midiendo sus fuerzas en todo momento para que no le sucediera lo mismo que en Valparaíso). Yo en ese momento pensé si estaba tonto o qué, un poco sí :), al menos por no haberse explicado mejor; pero ahora en la distancia pienso que me hubiera gustado preguntarle qué le pareció la actuación de ella en Valparaíso. Creo que ahí sí que tuvo que gustarle, precisamente porque allí toda la tensión estaba en el cuerpo de ella. El sonido se convertía en una extensión, era dependiente de ella. Podías percibir los cambios en la velocidad del altavoz y por lo tanto en el sonido mientras observabas el ejercicio de resistencia. Quizá también habría protestado un poco, quién sabe.

 

Me resulta curioso tu postura de la conversación que tuvisteis ambos sobre “Sonidos de arrastre”, pareciera que lo que te comentaba Gordon fuera deja que la gente vea lo que tú estás viendo, deja que la audiencia se ponga en tu lugar, juega a descentrar las miradas y la atención de los espectadores. Algo que a mi parecer sucedió con “Sonidos de arrastre” fue que una vez ‘aparecisteis’ por el teatro (hubo momentos en que se escuchaba el arrastre de elementos pero no se os veía) la mirada se centraba casi totalmente en vuestras personas. Me gustó que primero no se os viera, después la escena era muy visual, aunque estuvierais en lo alto por los pasillos de los tramoyistas, la iluminación (todo oscuro y solo los focos que os alumbraban a vosotros) hacía que la acción se centraba en vosotros. Quizá en ese sentido utilizar otros recursos podría funcionar para trabajar otra dimensión del espacio. En Santiago por ejemplo, por cómo era la sala del Centro Cultural de España, mucho más pequeña y más estándar en su arquitectura creo que eso ya no habría tenido tanto sentido.

 

Para rematar sobre la puesta en escena de “Speaker Swinging” yo creo que le debe mucho a la estética ochentera del exceso. El momento a oscuras solo con las tres luces de los altavoces, era muy teatral, casi circense diría yo; esos momentos daban mucho protagonismo al sonido, pero eso no lo hacía más interesante en mi opinión, me parecían más ricos y poliédricos los momentos en que podía ver toda la situación.

 

Yo asistí con gusto al concierto. También he de decirte que esos días salía del seminario que estaba coordinando, donde estábamos trabajando intensamente y pensando los proyectos que participaban del mismo y tras dar un paseo con Abelardo y Timeo mientras comentábamos la jornada íbamos con ganas a los conciertos a recibir, a empaparnos de cosas. También porque desde que nació Timeo no hemos podido ir a muchos! Pero aquella tarde en concreto iba con ganas por un lado porque no conocía tu trabajo (tiene tela que nos hayamos tenido que conocer en Chile. Barcelona y Madrid, tan cerca y tan lejos…) y por otro porque teníamos la oportunidad de ver una obra de las ‘clásicas’, la piedra preciosa del festival. Es cierto que la pieza de Gordon se salía de lo que era la línea de conciertos del Festival Tsonami, donde todos los conciertos fueron de artistas mucho más jóvenes y con una línea de trabajo más experimental (lo suyo también lo fue pero hace ya más de 30 años!), quizá también eso es lo que hizo saltar la chispa en tu caso, la atención que se le dio al concierto. En cualquier caso, creo que fue fantástico que lograran traerle al festival y poder experimentar esa pieza en condiciones tan buenas, y también creo que acertaron al programaros juntos, las dos piezas funcionaron muy bien aquella tarde y cada una consiguió tener su espacio.

 

Tengo la sensación de que se quedan muchas cosas sin responder. Quizá para cerrar te diría que yo no veo problemas en disfrutar de un banquete para los sentidos si es rico y lo disfrutas en buena compañía. Estimular la percepción, es estimular también el pensamiento. Creo que eso no es incompatible con el disfrute y el compromiso con otro tipo de creación.

 

Te agradezco mucho que hayamos podido mantener esta conversación, me ha hecho reflexionar mucho más sobre ‘Sonidos de arrastre’ y ‘Speaker Swinging”.

 

Un abrazo y besos,

 

María

 

// Pd. Me parece bien que lo zanjemos aquí. Sobre el formato, lo que tú decidas perfecto. Gracias de nuevo!

Hola!

 

Estabas en lo cierto en que el comentario de Gordon achacado a la mujer me enfurece bastante. Eso demuestra lo poco que valora el cuerpo del performer y que lo que realmente le interesa es tener su acción sonora perfecta. Pues Si no quieres que tu altavoz esté 5 centímetros más bajo, construye una máquina y no contrates a personas… es lo que tienen los cuerpos, que en el desgaste cambian. Sinceramente, creo que él no encontró ninguna otra manera de hacer mover sus altavoces para el sonido buscado que no fuese alguien moviendo las cuerdas, pero que no tiene un interés especial en cómo los altavoces cambian su posición poco a poco con el transcurso de la acción y el cansancio de los cuerpos. Quiere unas bocinas que roten y creen ese tipo de efectos, porque no lo puede conseguir de otra manera, pero el cuerpo y el performer es totalmente secundario.

 

Totalmente de acuerdo en que una de las cosas que me chocó fue encontrar esa pieza en ese tipo de festival y que hablando con los de la organización me contasen que el festival necesita ese tipo de piezas estrella. Quizá si se lo que voy a ver, y es en otro contexto no salgo tan indignada. Por otro lado me llama la atención que el TSONAMI necesite ese tipo de piezas estrella cuando todas las noches hubo muchísimo público en conciertos de gente joven sin tanto nombre. En mi opinión, llegando a la décima edición, con un público afincado, no creo que les haga falta rellenar ese espacio de: vamos a darle algo que la gente flipe mucho, espectáculo!

 

María, no quiero que te quedes con cosas por decir, acabo tu con otro mail si quieres! Al final el artículo van a ser todos los e-mails tal cual, creo que no se entiende de otra manera. Que lo lea quien quiera, esté interesado y con el tiempo que necesite. No hay que hacer las cosas fáciles expresamente porque a la gente le de pereza… :p

 

Un gran abrazo y muchas gracias por todo. Ha sido muy gratificante esta conversación.

 

Nos vemos en Madrid este mes!!

 

besos

Laura Llaneli, 2016.