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El porvenirMia Hansen-Løve, 2016

El porvenir (Mia Hansen-Løve, 2016)

Especial Festival de San Sebastián 2016

Por Daniel Valdivia

El porvenir da comienzo con las vacaciones de una, a primera vista, apacible familia en su visita a la tumba de un escritor. Que sobre estas imágenes se sobreimpresione el título de la película relaciona el peor de los destinos con el tiempo futuro al que hace referencia el mismo, en lo que es una clara declaración de intenciones no exenta de ironía. Grandes fatalidades se avecinan en la vida de Nathalie, y con ello grandes cambios, pero El porvenir nos enseña que en el cambio y la capacidad de aprendizaje está la felicidad, capturando el momento efímero en la vida de una profesora de filosofía. El momento en que todas sus creencias pueden cambiar.

 

Isabelle Huppert es esta profesora de filosofía parisina, a la cuál su marido abandona. Pero este no es ni mucho menos el peor suceso que le depara el futuro. La directora, la joven Mia Hansen-Løve, enfrenta una serie de catastróficas desdichas al mundo de las ideas. La filosofía, el pensamiento, son el medio de salvación para Nathalie y quizás debería serlo para todos. El gran valor de la película reside en dar el valor que merece al debate y al diálogo en los obstáculos que la vida nos antepone. La relación de Huppert con las personas que la envuelven (madre, marido, hijos, alumnos, amistades…) se construye a partir de ideales. En su día a día todo es capaz de discutirse, rebatirse pero siempre aceptando las ideas del otro.

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El carácter naturalista del film hace que sea difícil decir más sin destripar la película. Hansen-Løve basa el guión en su vida personal, pues sus padres son también profesores de filosofía, y en la vida alejada de los focos de Isabelle Huppert. Acercar la Huppert real al personaje consigue ampliar el registro de la actriz hasta nuevas cotas. Para Huppert no pasa el tiempo, gracias a su vitalidad enseña que la independencia y la libertad total no están prohibidas para mujeres de su edad, ni para nadie. La joven directora la filma muy inteligentemente encuadrándola constantemente con jóvenes o elementos relacionados con la juventud.

 

En definitiva, El porvenir es un canto al derecho del ser humano, sea de la edad que sea, a ser feliz, a equivocarse, a cambiar, a ser independiente y a sentirse útil. Y ello debemos agradecérselo a la balanza que establecen la madurez de Mia Hansen-Løve como cineasta y la jovialidad de Isabelle Huppert.