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Personal Shopper, Olivier Assayas, 2016

Personal Shopper

Olivier Assayas, 2016

Por Pau Lluís Gumiel

La premisa general de Personal Shopper de Olivier Assayas oscila entre el espiritismo y la crítica social al mundo de la clase alta. Al principio esta colisión de temas tan diferenciados es un tanto sorprendente para el espectador que se enfrente a la cinta sin saber absolutamente nada de ella. Pero todo acaba cobrando sentido.

 

Assayas no tiene un pelo de tonto y presenta al espectador una cinta muy inteligente que enfrenta a la protagonista de la cinta a dos mundos que coexisten con su realidad pero a los que parece no poder tener acceso de ninguna de las maneras.

 

El primer mundo presentado es el mundo del espiritismo, ya que la protagonista pretende durante toda la cinta ponerse en contacto con su hermano gemelo muerto, en unas secuencias cercanas al cine de espíritus pero con una sutileza que hace que este asunto no llegue a invadir la película. Por otro lado tenemos el mundo que envuelve a la alta sociedad del mundo de la moda, ya que la protagonista trabaja para una modelo omnipresente en su vida pero que prácticamente no se materializa físicamente.

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En este contexto es cuando entra en escena el doble juego de realidad que para el que escribe es el punto fuerte de la película: ¿Cuál de esos dos mundos es más accesible para la protagonista en realidad? Podríamos decir que el acceso a la alta sociedad es algo más tangible, pero el realizador no lo deja tan claro, teniendo el espectador y la protagonista un trato “más cercano” con los espíritus que con la modelo para la que trabaja. Es aquí donde la crítica social de Assayas brilla, dando al espectador una lección de manera sutil, sin ser moralista ni panfletario, invitando a la reflexión de una manera que personalmente no me esperaba.

 

Y es así como el espectador seguirá a una Kirsten Stewart en un papel hecho a medida (y lo dice un escéptico de la actriz) en un tenso viaje alrededor de dos mundos que son tan ajenos a la protagonista como a la mayoría de los espectadores, haciendo que uno se plantee si está más cerca de los fantasmas o de los altos estratos de la sociedad. Assayas al final da su respuesta, pero por respeto al guion, esta respuesta no está aquí.