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NocturamaBertrand Bonello, 2016

Nocturama (Bertrand Bonello, 2016)

Especial Festival de San Sebastián 2016

Por Daniel Valdivia

En 1970 Jean Renoir realizó para la televisión francesa Le petit théâtre de Jean Renoir, una película ideada especialmente para el medio televisivo y dividida en cuatro partes. La primera de ellas, Le dernier réveillon, desarrolla la situación de una pareja de ancianos sin techo que acuden a un restaurante de lujo a demandar las sobras de los comensales burgueses. Renoir visibilizaba así la cruda realidad de una ciudad que rechaza asumir su condición de crueldad. En 2016, aunque la película debió estrenarse en 2015, Bertrand Bonello recupera aquella máxima de Renoir para realizar Nocturama.

 

El planteamiento de la película es tan sencillo como sorprendente: un grupo de adolescentes planean un atentado contra diversos símbolos económicos de la ciudad de París. Una vez llevado a cabo el ataque, los jóvenes se reúnen en un centro comercial con el objetivo de ocultarse hasta que la atención mediática y policial se disipe. Que los atentados del pasado 13 de noviembre estén tan recientes hace del planteamiento del film un nido de controversia.

 

Sin embargo, sin quedarse en la simplicidad de la idea, Bonello profundiza en la psique del espectador haciendo de la película algo mucho más complejo. El montaje paralelo de la secuencia inicial presenta a los personajes uno a uno a través de un laberinto secuencial de gran ritmo. No sabemos nada de los personajes. La única información que esta larga secuencia sin diálogos nos aporta es la del espacio y el fondo, los lugares donde estos jóvenes se cruzan y el fondo hacia el que se dirigen (mención especial al estimulante plano desde el interior de un metro automático en el que el fondo lo ocupan los edificios acristalados sin alma de la zona económica de la ciudad, como por ejemplo ese gran arco de metal que viene a ser el arco del triunfo del siglo XXI). La poca o nula información que la película consiente al espectador lo aleja de la relación lógica de los terroristas con fundamentalismo religioso.

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Aunque pueda parecer que la violencia presentada es una violencia sin razón de ser, Bonello toma cierto partido con el dibujo de los personajes (como van vestidos, la música que escuchan, etc) y la inclusión, como en el film de Renoir, de una pareja de ancianos sin techo. Los adolescentes son reaccionarios pero no revolucionarios. Son hijos del capitalismo que se sienten como en casa en un centro comercial. En él pueden encontrar todo lo que desean. Así que el film provoca haciendo que personas con fuertes lazos neoliberales sean las mismas que atacan sus símbolos (como la bolsa o el primer ministro, por poner dos ejemplos). Para Bonello, la revolución ya no se basa en una conciencia política, sino que tiene su razón de ser en el sin sentido. Nocturama contiene un poso exacerbadamente pesimista. Así, una de las tesis que la película plantea es: entrados en el siglo XXI, en pleno 2016, ¿es la revolución posible?

 

Las ideas visuales de Nocturama son tantas que abruman. Quizá sus ideas más logradas y más efectivas sean el expresivo uso de la multipantalla y las cámaras de videovigilancia, la implantación de las nuevas tecnologías (internet, smartphones, chats, etc) al lenguaje cinematográfico y la dilatación temporal mediante el montaje y la repetición. Bonello convierte con todas estas ideas en un voyeur. Recuerda al espectador que aquello que ve es una representación mediada por alguien. Y así le obliga a pronunciarse, a tomar partido y tomar conciencia.

 

Las referencias a la relación Allende/Nixon/Pinochet para que este último alcanzara el poder o al embargo de Grecia en manos de la Unión Europea son algunas de las pistas que la película da para que el espectador contextualice el film y su mirada al mismo tiempo. El final de la película, del que no desvelaré nada, concluye en una violencia sistémica. Es algo que en palabras de la propia película “tenía que ocurrir”. Porque la crueldad de una ciudad como París o de un país como Francia es también la nuestra. En definitiva, Nocturama es la prueba de que se estaba incubando algo grave en Francia, que la sociedad conocía antes de los atentados pero al que todos apartaban la mirada.