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Kubo y las dos cuerdas mágicas, Travis Knight, 2016

Kubo y las dos cuerdas mágicas

Travis Knight, 2016

Por Pau Lluís

Kubo el personaje es una suerte de trovador en una suerte de época Edo japonesa, que se gana las pocas monedas que necesita a través de historias narradas de papiroflexia a las que da vida con su laúd mágico. Su rebeldía se debe a su curiosidad, su necesidad de saber cuál es el final de aquellas historias que su madre le cuenta cada noche, antes de caer presa de una enajenación generada por los impactos físicos y sentimentales a lo largo de su vida.

 

Pero después nos encontramos con la rebeldía de Kubo como filme. Sorpresa, un film de animación infantil que se inicia de manera violenta, con un impacto del que surge sangre (sí, aquella sangre prohibida en las películas para niños) y un niño al que le han arrancado un ojo.

 

Visceralidad. Esa fue la palabra que le vino a la mente al que esto escribe. La sorpresa de ver que en las películas infantiles aún había lugar para la sangre, las tragedias familiares, el terror y la tristeza en un relato destinado a la infancia. En una época con polémicas recientes sobre la protección de los niños ante los impactos visuales, Kubo se atreve a ir algo más allá, porque el villano de la función persigue arrancar su otro ojo a Kubo, sirviéndose de dos terroríficas hijas que de seguro protagonizarán las pesadillas de más de un joven espectador. Lecciones de paternidad y maternidad aparte, quizá desde el cine se está enseñando a los niños a vivir “entre cojines” y considero que sufrir por un personaje o pasar algo de miedo puede ser interesante e incluso hacer del filme una experiencia más completa.

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Independientemente de las cuestiones argumentales, visualmente Kubo es una maravilla para nuestros ojos. Manifiestamente inspirada en las pinturas de la corriente japonesa ukiyo-e del periodo edo, Kubo presenta unos escenarios preciosistas y detallados, donde los personajes empequeñecen ante la inmensidad de los escenarios. Y también funciona a la perfección a pequeña escala, haciendo uso de la artesanal y olvidada técnica del stop motion para dar vida a los personajes de la película, en una fusión entre la tecnología 3D más avanzada y el aspecto más tradicional de la animación con unos resultados espectaculares. Resulta encomiable el esfuerzo manifiesto del estudio Laika para seguir mejorando tras su también excelente Los Mundos de Coraline.

 

Kubo no es perfecta, siendo el guión algo mediocre en ocasiones, especialmente zafio en el humor, quizá demasiado infantil, pero en términos generales es una experiencia redonda, necesaria y valiente, algo muy necesario en el panorama dominado por Disney/Pixar (con en ocasiones excelentes resultados) y Dreamworks (con resultado mucho más mediocre), presentando así una alternativa más madura y rebelde, un filme con el que los más pequeños sufrirán y disfrutarán, y los más mayores quedaran maravillados por el mimo y el cariño con que la historia y la animación está realizada.