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El hombre de las mil caras, Alberto Rodríguez, 2016

El hombre de las mil caras (Alberto Rodríguez, 2016)

Especial Festival de San Sebastián 2016

Por Daniel Valdivia

En sólo seis años ya son tres las películas que Alberto Rodríguez ha dedicado a la historia reciente de España. Grupo 7 (2012) ponía el foco sobre los efectos de la especulación política surgida a raíz de la Exposición Universal celebrada en Sevilla en 1992 y La isla mínima (2014) recuperaba los fantasmas del franquismo en el sur de España. El hombre de las mil caras amplía el campo de acción hasta los capos más grandes de nuestra historia reciente: Francisco Paesa y Luis Roldán.

 

Los casos de Paesa y Roldán, el Algarrobo, son de dominio público. El primero es conocido por ser el espía patrio conocido más prolífico; el segundo, lo es por sus delitos de malversación, prevaricación y huida entre muchos otros. Paesa, además de algunas operaciones encubiertas contra ETA o los GAL, ayudó a Roldán a escapar de la justicia y a conservar todo el dinero que había amasado de las arcas del estado mientras fue director de la Guardia Civil (mil quinientos millones de pesetas). Para el telespectador o para el lector de prensa escrita estos dos personajes no son más que delincuentes. En cambio, Rodríguez decide darles un tratamiento distinto, el de héroes.

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Desconozco si Alberto Rodríguez es capaz de empatizar con señores como Paesa o Roldán. Viendo la película uno puede pensar que sí. El punto de vista del film pertenece a Jesús Camoes (piloto y mano derecha de Paesa). La voz de este personaje, interpretado inocentemente por Javier Coronado, narra los hechos que llevaron a Paesa a trabajar para Roldán y cómo sucedió aquello que ocupó todas las portadas en 1995. El punto de vista de Camoes es el de la admiración hacia Paesa. Para entendernos, piensen en la glorificación del delincuente tan común en el cine de Scorsese, pues el tono, punto de vista y montaje del film obedecen de forma muy consciente al estilo Scorsese. El cine de Alberto Rodríguez tiene un acabado espectacular. Seguramente no haya nadie en este país que haya conseguido tal nivel de espectacularidad en thrillers de acción. Sin embargo, deberíamos preguntarnos por qué es o no es un buen cineasta. O si sus influencias se quedan en eso o bordean la copia o el homenaje. Sin olvidar el valor de la fotografía y la banda sonora, que como en sus anteriores películas sigue firmada por el músico Julio de la Rosa.

 

El mayor problema de El hombre de las mil caras es su poca capacidad de detenerse y reflexionar. No nos podemos quedar con el ya manido “es que todos los españoles son corruptos” o el “si tú tuvieras dinero también serías corrupto”. Quizás Rodríguez debería empezar a mirarse en otros espejos. Hay cine más cercanos (no se pierdan Carlos – Olivier Assayas, 2010) que han espectacularizado al delincuente y además lo han hecho divirtiendo y reflexionando mucho y bien sobre la figura del ladrón, asesino o terrorista. Porque no es lo mismo que el delincuente quiera ser una estrella del rock a que un narrador quiera transformarlo en una.