A Ghost Story unfolds in long, static shots, most of them without faces to hang onto.

A Ghost Story, David Lowery, 2017

A Ghost Story

David Lowery, 2017

Por Pau Lluís Gumiel

Pocas veces el título de una película es tan claro y honesto. Esto es la historia de un fantasma. Este fantasma, además, es un fantasma que pertenece a la iconografía clásica del ente sobrenatural en forma de manta blanca que levita. Esta imagen, que a priori suele ser asociada a la imaginería más infantil del mundo fantástico es aquí una excusa para hablarnos del tiempo.

 

Lo que se inicia como una especie de historia romántica con tintes sobrenaturales acaba derivando en una reflexión mucho más sincera y doliente. Sin entrar en spoilers el filme nos propone un viaje por los fallos y las faltas que cometemos como seres humanos, como aquello que hacemos es, en la mayoría de los casos fútil y dejamos que aquello que importa se desvanezca ante nosotros, sin darle ningún tipo de importancia.

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El universo fantástico de la película es un mundo del cual sabemos muy poco, no tiene reglas ni normas evidentes, pero en el mundo fantasmal de Lowery, cada ente espectral está atado a un lugar y un propósito concreto. Estos fantasmas, con sus carencias expresivas, se muestran al espectador de una manera sencilla pero efectiva, lo cual genera en nosotros una empatía sorprendente y en algunos momentos sobrecogedora.

 

Para crear esta empatía Lowery opta por un tono poco efectista: pantalla en 4:3, una banda sonora clásica y un ritmo entre escenas lánguido. Esta combinación, sumada al montaje, nos permite subrayar la idea mencionada previamente, esta es una película sobre el tiempo, nada más.

 

Puede que haya quien se sienta decepcionado por la propuesta: es un film lento, parco en explicaciones y sin una historia claramente definida, pero para aquellos que consigan adentrarse en la propuesta, la película es devastadora en el plano emocional, una producción que con muy poco, dice mucho.