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Después de la tormenta, Hirokazu Koreeda, 2016

Después de la tormenta  (Hirokazu Koreeda, 2016)

Especial Festival de San Sebastián 2016

Por Daniel Valdivia

Tras quedar fuera de la sección oficial en el pasado Festival de Cannes y verse relegada a Un certain regard, podíamos pensar que Después de la tormenta iba a ser una película menor en la obra de Hirokazu Koreeda. No podíamos estar más equivocados. Sí, Después de la tormenta vuelve sobre los mismos dramas familiares que abundan la filmografía del realizador japonés. La idea conservadora de la familia vuelve a estar narrada con precisión, terneza y sensibilidad. De hecho, podría ser una película ya hecha y vista antes. Sin embargo, tenemos claro que con Koreeda es mejor hablar de variaciones que de repeticiones.

 

La película desarrolla las relaciones entre las distintas generaciones de una misma familia con la muerte de un miembro de la misma como eje vertebrador de la narración. Ryota, interpretado por Hiroshi Abe ansía poder ver más a su hijo, fruto de un matrimonio pasado, a la vez que desea recuperar el amor de su exmujer. La influencia de su padre, fallecido años atrás, es para él todavía visible en aspectos nada positivos a la hora de conseguir sus anhelos, como la afición por las apuestas y los juegos de azar. Ryota se balancea así entre el pasado familiar, una puerta que debe cerrar, y el futuro de su hijo y el suyo como padre.

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Mención especial merece la interpretación de la actriz japonesa Kirin Kiki. La longeva actriz japonesa retoma el papel de cabeza de familia que ya ha realizado con anterioridad para Koreeda. Como en la reciente Una pastelería en Tokio (Naomi Kawase, 2015), la actriz evidencia de nuevo la problemática entre hombres que crecen y mujeres maduras.      

 

Si en Still Walking (Koreeda, 2008) la acción transcurría a lo largo de un día completo en una visita familiar, Después de la tormenta se enriquece dejando respirar a la narración a través de otros tiempos y espacios pero sin prescindir de la fórmula de la primera. Para el último tercio del film la unidad de espacio y tiempo se instaura en la película reuniendo a la familia hasta ahora fragmentada. Y es en este momento cuando Koreeda es capaz de agrupar en un mismo plano a tres generaciones y conseguir los momentos humanos de máxima sensibilidad que engrandecen su obra y hacen de su cine uno de los favoritos del público de San Sebastián.